sábado, 9 de junio de 2012

Néstor.


Perdón, no puedo.
No puedo seguir respirando un minuto mas sin describir lo que fue para mi lo que hoy es un callado minuto nueve en un frívolo youtube de Internet.
Aquel minuto nueve…
Saben lo que significa eterno? eterno significa SIN TIEMPO.
Sin tiempo, fue el sentimiento que floreció tras un ahogo en el cual se sumergió esta delicia de presidenta cuando, luego de nombrar aquellos que SOÑARON con una unidad nacional y en el cual se vio inexorablemente recordado su marido. Una verdadera historia, la historia que primero sale del corazón, porque no me vengan con el cuentito de que la historia es intelecto, lo dijo mi tío el otro día: política no es quien dice política, sino quien la HACE. Y es así. Yo conozco mucha gente que opina y habla sobre historia y política. Pero no hacen nada. Hace mas política mi vieja que va a ayudar a los enfermos al hospital que el otro que se queda ahí leyendo libros y ensanchándose el pecho de moscas. Me adelanto, igual, a esta gente, con la esperanza de que de su intelecto salga la fiera a defender la patria algún día. Mientras tanto ya muchísimos nos estamos movilizando. Pero como decía, aquel minuto nueve fue para mí en aquel momento algo inolvidable:
Ella comenzó a mencionar aquellas personas que tejieron la verdadera (y oculta) historia, nuestra historia Argentina. Al momento de nombrarlos, sea quizás por humildad, o por duelo, no lo nombró a Néstor. Pero mira si el pueblo no esta despierto Cristina! De atrás, casi como quien grita sus últimas palabras de vida, con aquella fuerza que sólo queda cuando ya no nos queda nada más que gritar por arriba de los ideales se oyó: Néstor. Y ahí: tu ahogo. Ahogo que no tendrá espacio en los libros de historia de mis nietos. Ahogo que no tendrá espacio en los medios gráficos y televisivos de hoy, ni en las bocas de aquellos que, disculpen, pero no puedo nombrarlos pueblo (aquellos vendepatria, y acá no doy a torcer el brazo).
Ahogo en el cual entro la eternidad.
“si, el también”
Claro que el también.
Que puedo decir yo? Nada. No hay palabras.
Sólo me queda tatuado en los ojos los miles de ojos vidriosos de la gente a mí alrededor.
Es que, tengo tanto ganas de abrazarte.- yo no se nada de formalidades, ni siquiera puedo deslizar estas palabras con facilidad. Pero quisiera tanto abrasarte…
Te di la mano, ese día, te dije “fuerza cristina” mirándote a los ojos, porque ya ni se que hacer. Nadie me va a entender. Nunca se pueden explicar este tipo de cosas (me acuerdo de Terribili diciéndome: “intenta explicar el peronismo, vas a ver que no se puede, porque se siente acá”)
Néstor es el pueblo, que no se conforma con un adiós sino que se alimenta de un “seguimos”. Lo dijo Hebe aquel día, y todos los días contados en reversa: “hay que seguir la lucha”. Néstor es el cielo que brillaba tanto aquel día, como si estuviese de fiesta, completando aquel azul de la bandera argentina. Néstor es las lágrimas de Anita, estallando rabiosas desde su incendiado corazón. Néstor es lo que uno siente cuando ve flamear la bandera, cuando ve los ojos de un compañero decidido, cuando ve el espíritu militante de los miles de pibes que hoy alzan una bandera. Ahí está: en el pueblo que despierta (porque nunca me recorrió tal escalofrío en la espalda como en el día de tu muerte, cuando estabas mas vivo que nunca y entre medio del pueblo se escuchaba “si esto no es el pueblo el pueblo DONDE ESTA?!”). Por que la lucha no es hoy, ahora. La lucha es y será siempre. Y quiera la historia que este espíritu no cese jamás: desdichado será aquel día. El futuro no es mañana: el futuro es lo que de ayer y hoy de corazón “se deseó” (reivindicando, salvando del olvido, recordando a miles que nadie conoce y que construyen firmes ladrillos de lo que es tu país).
Nunca jamás, ni aun en la oscuridad de mis arrugas me olvidare lo que fue sentir a flor de piel la voz del pueblo, del verdadero pueblo (como decía un cartel el día de su muerte) aclamando el nombre de lo que fue uno de los mejores presidentes de la Argentina. Así repercutió en tu alma, Cristina, y aquel eco no cesara nunca. Más bien será como el susurro de una patria justa y soberana que no dejara en paz a ninguno que se permita traicionarla. Basta de palabrerio. La historia misma lo demuestra. Porque el lema “no nos han vencido” no puede ser tan absurdamente real. Si uno se detiene solamente un minuto a pensar esa frase caerá inexorablemente en este pensamiento: Si eso no es lucha, ¿Qué es entonces?

Con una escoba en la mano para barrer a aquellos que injurian sobre nuestra patria y una mano bien aferrada al corazón para no olvidar que sobre todo acto político, primero quien ve es el alma , levantaremos, así, aquel sentimiento que siempre y hasta el día de nuestra muerte hemos de defender con garras y dientes: nuestra gloriosa PATRIA.

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