Perdón, no puedo.
No puedo seguir respirando un minuto mas sin describir lo
que fue para mi lo que hoy es un callado minuto nueve en un frívolo youtube de Internet.
Aquel minuto nueve…
Saben lo que significa eterno? eterno significa SIN TIEMPO.
Sin tiempo, fue el sentimiento que floreció tras un ahogo en
el cual se sumergió esta delicia de presidenta cuando, luego de nombrar
aquellos que SOÑARON con una unidad nacional y en el cual se vio
inexorablemente recordado su marido. Una verdadera historia, la historia que
primero sale del corazón, porque no me vengan con el cuentito de que la
historia es intelecto, lo dijo mi tío el otro día: política no es quien dice política,
sino quien la HACE. Y es
así. Yo conozco mucha gente que opina y habla sobre historia y política. Pero
no hacen nada. Hace mas política mi vieja que va a ayudar a los enfermos al
hospital que el otro que se queda ahí leyendo libros y ensanchándose el pecho
de moscas. Me adelanto, igual, a esta gente, con la esperanza de que de su
intelecto salga la fiera a defender la patria algún día. Mientras tanto ya muchísimos
nos estamos movilizando. Pero como decía, aquel minuto nueve fue para mí en
aquel momento algo inolvidable:
Ella comenzó a mencionar aquellas personas que tejieron la
verdadera (y oculta) historia, nuestra historia Argentina. Al momento de
nombrarlos, sea quizás por humildad, o por duelo, no lo nombró a Néstor. Pero mira
si el pueblo no esta despierto Cristina! De atrás, casi como quien grita sus
últimas palabras de vida, con aquella fuerza que sólo queda cuando ya no nos
queda nada más que gritar por arriba de los ideales se oyó: Néstor. Y ahí: tu
ahogo. Ahogo que no tendrá espacio en los libros de historia de mis nietos. Ahogo
que no tendrá espacio en los medios gráficos y televisivos de hoy, ni en las
bocas de aquellos que, disculpen, pero no puedo nombrarlos pueblo (aquellos
vendepatria, y acá no doy a torcer el brazo).
Ahogo en el cual entro la eternidad.
“si, el también”
Claro que el también.
Que puedo decir yo? Nada. No hay palabras.
Sólo me queda tatuado en los ojos los miles de ojos
vidriosos de la gente a mí alrededor.
Es que, tengo tanto ganas de abrazarte.- yo no se nada de
formalidades, ni siquiera puedo deslizar estas palabras con facilidad. Pero
quisiera tanto abrasarte…
Te di la mano, ese día, te dije “fuerza cristina” mirándote
a los ojos, porque ya ni se que hacer. Nadie me va a entender. Nunca se pueden
explicar este tipo de cosas (me acuerdo de Terribili diciéndome: “intenta
explicar el peronismo, vas a ver que no se puede, porque se siente acá”)
Néstor es el pueblo, que no se conforma con un adiós sino
que se alimenta de un “seguimos”. Lo dijo Hebe aquel día, y todos los días
contados en reversa: “hay que seguir la lucha”. Néstor es el cielo que brillaba
tanto aquel día, como si estuviese de fiesta, completando aquel azul de la
bandera argentina. Néstor es las lágrimas de Anita, estallando rabiosas desde
su incendiado corazón. Néstor es lo que uno siente cuando ve flamear la bandera,
cuando ve los ojos de un compañero decidido, cuando ve el espíritu militante de
los miles de pibes que hoy alzan una bandera. Ahí está: en el pueblo que
despierta (porque nunca me recorrió tal escalofrío en la espalda como en el día
de tu muerte, cuando estabas mas vivo que nunca y entre medio del pueblo se
escuchaba “si esto no es el pueblo el pueblo DONDE ESTA?!”). Por que la lucha
no es hoy, ahora. La lucha es y será siempre.
Y quiera la historia que este espíritu no cese jamás: desdichado será aquel día.
El futuro no es mañana: el futuro es lo que de ayer y hoy de corazón “se deseó”
(reivindicando, salvando del olvido, recordando a miles que nadie conoce y que
construyen firmes ladrillos de lo que es tu país).
Nunca jamás, ni aun en la oscuridad de mis arrugas me
olvidare lo que fue sentir a flor de piel la voz del pueblo, del verdadero
pueblo (como decía un cartel el día de su muerte) aclamando el nombre de lo que
fue uno de los mejores presidentes de la Argentina. Así
repercutió en tu alma, Cristina, y aquel eco no cesara nunca. Más bien será
como el susurro de una patria justa y soberana que no dejara en paz a ninguno
que se permita traicionarla. Basta de palabrerio. La historia misma lo
demuestra. Porque el lema “no nos han vencido” no puede ser tan absurdamente
real. Si uno se detiene solamente un minuto a pensar esa frase caerá
inexorablemente en este pensamiento: Si eso no es lucha, ¿Qué es entonces?
Con una escoba en la mano para barrer a aquellos que
injurian sobre nuestra patria y una mano bien aferrada al corazón para no
olvidar que sobre todo acto político, primero quien ve es el alma ,
levantaremos, así, aquel sentimiento que siempre y hasta el día de nuestra
muerte hemos de defender con garras y dientes: nuestra gloriosa PATRIA.